Guerra al indio extranjero

En 1979, el gobierno militar conmemora los cien años del triunfo sobre el indio. Albano Harguindeguy, Ministro del Interior, expresa los ideales nacionales: “La ‘Conquista del Desierto’ logró expulsar al indio extranjero que invadía nuestras pampas” . La dictadura se autodenominó Proceso de Reorganización Nacional. Es un regreso al proyecto liberal que se había iniciado con la Organización Nacional durante la presidencia de Bartolomé Mitre. La reorganización supondría una vuelta a ese estado que otras montoneras volvieron a poner en crisis. Malones, peronistas, indios, cabecitas negras, montoneros, montoneras. 
Harguindeguy organiza un congreso, en 1979, para festejar la épica occidental. Junta a docentes, catedráticos, militares. Explica el mensaje postrero de la “Conquista del Desierto”: “tiene que servir de inagotable inspiración a nuestra civilización”. 
David Viñas comienza a escribir sobre la larga historia de este festejo: su Indios, ejército y frontera (1982). Afirma que el discurso del roquismo, en los alrededores de 1879, es un epílogo al Facundo de 1845 y ambos son parte de un gigantesco corpus que se abre con el Diario de Colón. Pone en juego el paralelismo propuesto por el propio videlismo: 

La homogeneidad ideológica promovida por la liquidación de lo que se consideraba el “enemigo prioritario” y la subversión entraba en rápida disolución después de la victoria sobre el Desierto. Y la violencia ejercida contra los indios y sus tierras se invertía hasta impregnar con su irracionalidad los fundamentos de la república oligárquica . 

Al día siguiente al asesinato de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, en una nota titulada “Crónica de una violencia anunciada”, el diario La Nación nos previno que el odio de la oligarquía es lo más perdurable de nuestro devenir histórico: “Que un grupo de personas (...) se arrogue la facultad de privar a otras personas de un derecho que la Constitución les reconoce expresamente, como la libertad de trabajar y de circular por el territorio nacional, resulta un atropello que puede desatar consecuencias imprevisibles”; “el movimiento piquetero es una manifestación fronteriza -y por cierto violenta e inaceptable- de la política”; “el corte de rutas implica actos de insubordinación civil” . Nociones como fronterizo, insubordinación y territorio nacional son parte del monstruoso entramado discursivo que David Viñas descubre enlazando 1879 y 1979.

En "Hasta sacarle Carhué al huinca",  Parte de guerra. Indios, gauchos y villeros: ficciones del origen [Eme, 2016]

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